
Ya hacía unos días que estábamos en la ciudad italiana de Trieste disfrutando de la semana de festejos de La Barcolana. Pero esa mañana en particular nos levantamos algo malhumorados al ver que el clima estaba muy lluvioso y el pronóstico meteorológico no daba esperanzas de que mejorara hasta la noche.
Giovanni Monbellone, un tano genial que oficiaba de nuestro anfitrión, rápidamente nos dibujó una sonrisa. Nos dijo que el día se presentaba ideal para ir a la ciudad de Postojna ubicada en el vecino país de Eslovenia y nos propuso visitar una de las más extrañas maravillas que brinda la madre naturaleza.
Aceptamos la propuesta sin dudar y en poco tiempo estábamos subidos a su lujoso Peugeot 5.009 para emprender un improvisado viaje hacia lo desconocido.
A poco de desandar los escasos 47 kilómetros que unen a ambas ciudades, cruzamos la imaginaria frontera y llegamos a Eslovenia. La persistente lluvia de ninguna manera nos impidió apreciar un pequeño país lleno de paisajes naturales y bosques con árboles que ya habían adquirido tonalidades otoñales.


En 45 minutos estábamos estacionando el auto en las afueras de Postojna, un pequeño pueblo que seguramente pasaría desapercibido de no existir la cueva que es visitada por más de un millón de turistas al año. Abrimos nuestros improvisados paraguas y caminamos presurosos a adquirir los tickets de entrada, la verdad que no tenía idea con lo que me iba a encontrar.
A poco de andar, dimos con un bosque que bordeaba un pequeño lago que invitaba a ser recorrido en sus prolijas callecitas y puentes de madera, aún bajo la amenaza de empaparnos de pies a cabeza.






Finalmente llegamos a unas grandes escaleras de piedra. El cartel que nos anunciaba en el idioma local que habíamos arribado a la misteriosa cueva.


Luego de esperar por unos cuantos minutos nuestro turno, comenzamos nuestro recorrido en la plataforma de entrada de este tren de doble vía el cual nos llevaría por un trayecto de 3,7 kilómetros de largo. Es la única cueva en el mundo que posee convoy de tales características.

Comenzamos a andar a través de un bello mundo subterráneo debajo espectaculares arcos adornados con estalactitas e iluminados con arañas de cristal. Más de una vez agachamos la cabeza al tener la sensación de que en cualquier momento íbamos a chocar con alguna de esas enormes esculturas naturales.
Diez minutos más tarde, el tren finalizó su recorrido y nos invitaron a seguir a pie poco más de un
kilómetro en una excursión que dura alrededor de 1 hora y media. Allí la gente se divide en grupos, eligiendo un guía de acuerdo a su idioma. Normalmente los hay en Italiano, Inglés, Alemán y Esloveno. No vi guías en español, aunque tengo entendido que pueden conseguirse una vez a la semana.



En Eslovenia las formaciones kársticas se suceden por todo el mapa desde su capital Ljubljana hasta el mar. Existen centenares de enormes cavidades excavadas por ríos subterráneos que han dado lugar a cuevas tan hermosas como ésta.
La verdad que las fotos no le hacen honor al lugar, deberíamos contar con imágenes 3D. No pueden imaginar la sensación que se siente estar allí dentro, porque uno se ve como el protagonista del libro "Viaje al centro de la Tierra" de Julio Verne. Si observan con detenimiento la imagen de abajo, podrán apreciar a lo lejos la pequeñez de las figuras humanas en comparación a la majestuosidad del lugar.

En realidad está prohibido tomar fotos en el interior de la cueva, cosa que no es demasiado respetada por los turistas. Los italianos directamente no hacían caso, los angloparlantes eran apenas más obedientes y los únicos que respetaban bastante las reglas eran... si, acertaron los alemanes.
Igualmente los rebeldes sólo nos ganamos un par de amables retos del guía, que finalmente tiró la toalla diciendo con una sonrisa: Bueno, por lo menos esperen a disparar hasta que yo me de vuelta.
Una de las atracciones de la cueva es el Proteus, conocido vulgarmente como Pez Humano. Es un animal bastante curioso, un raro anfibio que puede vivir más de 50 años y sólo se encuentra en esta parte del mundo. Es absolutamente ciego ya que se adaptó a vivir en la oscuridad de las cavernas. No le tome fotos para no perjudicarlo ya que la luz de los flashes le hace mal, pero les dejo un par de imágenes tomada de la web.
Imagen perteneciente a: http://www.slovenia.info/?naravne_znamenitosti_jame=449&lng=7
Imagen perteneciente a http://www.yalosabes.com
El recorrido a pie es accesible y fácil de hacer, aunque conviene ir abrigado ya que no importa la época del año, la cueva conserva una temperatura constante de unos 8° a 9º C.

Uno no se cansa de ver enormes formaciones calcáreas con los más variados colores y texturas. Algunas brillan como si tuviesen incrustados pequeños diamantes. Otras parecen monstruos de películas de ciencia ficción. Muchas de ellas me hicieron acordar a "Alien, el octavo pasajero".
Los horarios para visitar la cueva son de 9-19 en verano y de 10-16 el resto del año.
La visita termina en una gran caverna llamada Sala de Conciertos, donde caben 10.000 personas. Allí suelen organizarse conciertos de orquesta aprovechando la magnífica acústica del lugar. Les dejo una imágen tomada de la web que muestra uno de los eventos.
Salimos de lugar con la satisfacción de haber conocido un lugar único y la cara de asombro nos duró todo el camino de vuelta a la hermosa Trieste.