El 14 de enero pasado, un artículo publicado en el periódico Star Tribune de los Estados Unidos, conmocionó al mundo entero. Parke Kunkle, - un astrónomo miembro del Minnesota Planetarium Society - hizo declaraciones que pusieron en tela de juicio la validez de la astrología.
El científico recordó que los signos del zodíaco fueron determinados miles de años atrás, por astrólogos babilonios, tomando en cuenta la alineación que en ese momento observaba nuestro planeta respecto de las constelaciones conocidas.
Sin embargo, notaba que en la actualidad esta posición había cambiado, debido a la atracción gravitacional que ejerce Luna, posibilitando que la Tierra experimente un movimiento de "bamboleo" en torno a su eje, similar al que realiza un trompo cuando es lanzado al suelo.
Este proceso, conocido como “precesión terrestre”, ha creado un bache de un mes en la alineación la Tierra respecto de las estrellas. Concluía diciendo: Cuando los astrólogos modernos afirman que el Sol está en determinado signo, en realidad no se encuentra allí, sino en el inmediato anterior.
Sin embargo, notaba que en la actualidad esta posición había cambiado, debido a la atracción gravitacional que ejerce Luna, posibilitando que la Tierra experimente un movimiento de "bamboleo" en torno a su eje, similar al que realiza un trompo cuando es lanzado al suelo.
Este proceso, conocido como “precesión terrestre”, ha creado un bache de un mes en la alineación la Tierra respecto de las estrellas. Concluía diciendo: Cuando los astrólogos modernos afirman que el Sol está en determinado signo, en realidad no se encuentra allí, sino en el inmediato anterior.
Pero allí no acababan las críticas… Según sus cálculos, los astrólogos habrían omitido incluir como un 13º signo, a la constelación de Ophiuchus u Ofiuco, ubicada en la banda Zodiacal entre los signos de Escorpio y Sagitario. De tal signo serían los nacidos en el período que va del 30 de noviembre a 17 de diciembre.
Semejante noticia provocó muchísimas dudas, no sólo entre la gente que ajena a estos temas, sino también entre algunos noveles colegas astrólogos que se vieron abrumados por la catarata de preguntas y cuestionamientos que se suscitaron como consecuencia de la difusión del citado artículo.
De repente, Internet se inundó de mensajes que fluctuaban entre los que preguntaban cómo sería dejar de ser de Sagitario, para pasar a ser de Ofiuco; y aquellos que directamente se mofaban de la Astrología, seguros de haber finalmente dado con una explicación científica lo suficientemente sólida como para hacer trizas el prestigio del milenario conocimiento.
Así las cosas, y a pesar ya que han surgido algunos artículos de conocidos colegas que aclaran el tema con mucha más sabiduría de la que dispongo, he decidido aportar mi granito de arena, tratando de explicar de la forma más coloquial posible las inexactitudes en las que incurren los astrónomos cuando se deciden atacar a nuestra disciplina, partiendo desde la más absoluta ignorancia respecto de los postulados en que ésta se basa o de una manifiesta mala fe para denostarla.
En principio, es de destacar que Kunkle no ha inventado la pólvora. Sus conclusiones, lejos de ser novedosas y originales, forman parte de los mismos cuestionamientos que, como eternos fantasmas, reaparecen periódicamente para echar sombras sobre ella. Tampoco, - como muchos han entendido -, resulta ser el descubridor de Ofiuco. Esta constelación ya era una de las 48 listadas por el famoso astrólogo y astrónomo egipcio Ptolomeo, allá por el siglo I d.c.
Vayamos por partes….
El movimiento precesional mencionado, es otro giro astronómico propio de la Tierra, al igual que el de rotación sobre sí misma (que dura un día) y el de traslación alrededor del Sol que se lleva a cabo en el lapso de un año. Este es muchísimo más lento que los dos anteriores, ya que su ciclo tarda poco menos de 26.000 años en completarse
Recuerdo que cuando aún era un adolescente, mi profesor de astronomía del primer año del secundario, nos explicó con cuidado esmero cómo funcionaba y – al igual que Kunkle - aprovechó para exponerlo como “la razón fundamental” que desmantelaba y dejaba al desnudo los postulados de una “pseudociencia”, donde sus integrantes no se hacían cargo que cada 2.160 años, cada signo retrocede una extensión de 30 grados en el zodíaco.
¿Era mi profesor un ignoto y oscuro científico latinoamericano adelantado a su época que desenmascaró a los astrólogos 25 años antes que su par norteamericano?
Nada de eso… La historia es bastante más antigua.
Existen registros que Hiparco de Nicea distinguió la precesión de los equinoccios con una aproximación extraordinaria para la época. Las fechas exactas no son conocidas, pero datan del 147 al 127 Antes de Cristo.
Sin embargo hay evidencias de que este fenómeno ya era conocido, al menos en parte, por los antiguos sabios de la India. También el astrónomo babilonio Cidenas advirtió este desplazamiento ya en el año 340 A.C.
Siendo que los astrólogos antiguos eran perfectamente conscientes de este movimiento, ¿por qué creemos que no fue tomado en cuenta en los cálculos de los astrólogos occidentales?
La respuesta es muy sencilla, aunque encierra una sencilla una trampa...
LOS SIGNOS NO SON CONSTELACIONES.
Veamos...
Qué son las Constelaciones? Son agrupaciones de estrellas fijas que están unidas en forma arbitraria, formando dibujos irregulares en el firmamento.
Y cuando hablamos de Zodíaco a que nos referimos? A una franja del cielo de 18 grados de ancho - llamada "eclíptica tropical", que se basa exclusivamente en el movimiento aparente que el Sol realiza sobre la Tierra. Y decimos que este movimiento es aparente, porque en realidad va de suyo que en él se subsume el verdadero movimiento de rotación que nuestro planeta realiza alrededor del Sol, pero visto desde la superficie terrestre.
LOS SIGNOS NO SON CONSTELACIONES.
Veamos...
Qué son las Constelaciones? Son agrupaciones de estrellas fijas que están unidas en forma arbitraria, formando dibujos irregulares en el firmamento.
Y cuando hablamos de Zodíaco a que nos referimos? A una franja del cielo de 18 grados de ancho - llamada "eclíptica tropical", que se basa exclusivamente en el movimiento aparente que el Sol realiza sobre la Tierra. Y decimos que este movimiento es aparente, porque en realidad va de suyo que en él se subsume el verdadero movimiento de rotación que nuestro planeta realiza alrededor del Sol, pero visto desde la superficie terrestre.
Este recorrido es absolutamente independiente del trasfondo estelar. O sea, de esos miles de millones de estrellas conocidas o desconocidas, y de la constelaciones irregulares que - como Ofiuco y tantas otras - se encuentran más allá del sistema solar. En esa franja zodiacal ubicamos los tránsitos del Sol, la Luna y los demás planetas de nuestro Sistema.
Y entonces que son los Signos? Al contrario de las constelaciones, son segmentos regulares que dividen esa banda zodiacal fija - o recorrido solar de 360° - en 12 partes iguales de 30º de arco cada uno.
Funcionan como tonalidades energéticas que podrían parangonarse con las notas musicales, también divididas en 12 (las siete básicas más sus bemoles y sostenidos) teniendo cada una de ellas una frecuencia vibratoria notoriamente diferente a las demás.
Y por qué si decimos que los signos no son constelaciones, llevan el nombre de alguna de ellas? Pues bien, por el solo hecho de haber sido bautizadas hace miles de años, cuando la constelación de Aries coincidía aproximadamente con el punto 0 al 30 de la eclíptica, o sea que encajaba con el segmento reservado al primer signo astrológico.
Lo cierto es que los signos podrían denominarse de otra forma, pero lo que nunca podrá cambiarse es su ubicación en la eclíptica y la frecuencia vibratoria que permanece inalterada a través de los tiempos independientemente de cual sea la posición del eje terrestre respecto del universo. Acaso un piano sonaría distinto por el solo hecho de ubicarse mirando en dirección a un punto cardinal diferente?
Los científicos astrónomos no deberían sorprenderse de ello, ya que ellos mismos utilizan este sistema de coordenadas de la eclíptica tropical, calculando la posición de los objetos y midiendo su longitud a partir de ese equinoccio vernal, que ellos suelen llamar hora 00:00 (1).
Para dar un ejemplo, si un planeta como Marte se encuentra transitando a 19° del punto 0° de la eclíptica, está en esa posición tanto para astrónomos como para astrólogos. Las efemérides de los tránsitos planetarios tienen una exactitud matemática y no dan lugar a discusiones. Solo que nosotros los astrólogos diremos que Marte está a 19° del Signo de Aries, independientemente que ese planeta tenga en ese momento como telón de fondo a la constelación de Piscis, por haberse corrido el eje terrestre.
Y por qué utlizamos esa franja zodiacal que tiene que ver con el movimiento aparente del Sol sobre nuestro planeta y no otro sistema de coordenadas?
Muy sencillo: Hasta ahora nuestra existencia siempre ha transcurrido dentro de los límites de nuestro planeta y miramos el cielo desde un cuerpo celeste que pertenece al Sistema Solar. Por lo tanto tomamos como coordenadas de referencia esos parámetros. Seguramente, cuando la raza humana sea capaz de colonizar otros mundos del espacio sideral, nos sensibilizaremos a otras energías que por ahora son totalmente ajenas a nuestra conciencia y tendremos que crear sistemas de coordenadas alternativos para encontrar los patrones que unen lo que pasa en el cielo con lo que acontecerá en el lugar que vivamos.
Los científicos astrónomos no deberían sorprenderse de ello, ya que ellos mismos utilizan este sistema de coordenadas de la eclíptica tropical, calculando la posición de los objetos y midiendo su longitud a partir de ese equinoccio vernal, que ellos suelen llamar hora 00:00 (1).
Para dar un ejemplo, si un planeta como Marte se encuentra transitando a 19° del punto 0° de la eclíptica, está en esa posición tanto para astrónomos como para astrólogos. Las efemérides de los tránsitos planetarios tienen una exactitud matemática y no dan lugar a discusiones. Solo que nosotros los astrólogos diremos que Marte está a 19° del Signo de Aries, independientemente que ese planeta tenga en ese momento como telón de fondo a la constelación de Piscis, por haberse corrido el eje terrestre.
Y por qué utlizamos esa franja zodiacal que tiene que ver con el movimiento aparente del Sol sobre nuestro planeta y no otro sistema de coordenadas?
Muy sencillo: Hasta ahora nuestra existencia siempre ha transcurrido dentro de los límites de nuestro planeta y miramos el cielo desde un cuerpo celeste que pertenece al Sistema Solar. Por lo tanto tomamos como coordenadas de referencia esos parámetros. Seguramente, cuando la raza humana sea capaz de colonizar otros mundos del espacio sideral, nos sensibilizaremos a otras energías que por ahora son totalmente ajenas a nuestra conciencia y tendremos que crear sistemas de coordenadas alternativos para encontrar los patrones que unen lo que pasa en el cielo con lo que acontecerá en el lugar que vivamos.
Más allá de todo lo expuesto, debe puntualizarse que los astrólogos si tomamos en cuenta el movimiento de precesión y las diferencias de la orientación del eje terrestre respecto del espacio sideral, para sacar conclusiones puntuales al momento de analizar las estrellas fijas para determinar las "Eras".
Pero debe dejarse en claro que los patrones vibratorios transpersonales propios de cada uno de estos larguísimos períodos que llamamos "Eras", no afectan a una determinada persona en particular, sino que generan un paulatino cambio de conciencia global en toda la humanidad. Por lo dicho, su estudio corre por otros carriles y en principio es irrelevante al momento de levantar la carta natal de un individuo.
Actualmente se está finalizado un recorrido de más de dos milenios perteneciente a la era de Piscis, para luego ingresar a la de Acuario. Pero este es un tema aparte que merece ser analizado en profundidad en otro artículo.
(1) El punto cero en la eclíptica se estableció usando el equinoccio vernal (que significa ‘de la primavera’) en el hemisferio norte —el 21 de marzo— la jornada durante la cual el día y noche tienen la misma duración en todo el planeta (la palabra «equinoccio» proviene del latín aequi noctium, que significa ‘igual noche’). Este punto se define matemáticamente usando el punto de intersección entre el ecuador celeste y la eclíptica (el plano formado por la órbita de la Tierra).
Otros artículos de astrología:
Homenaje a Neptuno (Ejercicio para experimentar las energías neptunianas)
Duelo de Dioses (cuento acerca de un aspecto tenso entre Neptuno y Saturno)


